
Al igual que un individuo puede caer en la trampa de la deuda de las tarjetas de crédito, un país también puede caer en la trampa de la deuda.
La motivación que me lleva a escribir este artículo es el deseo de aclarar que esta es una crisis de endeudamiento, casi global. Existen otras causas concomitantes, por supuesto, como sucede siempre en la economía, que está influenciada por muchas variables. Sin embargo, una variable se destaca como la principal causa de la crisis actual: es el endeudamiento público y privado.
Esta no es una crisis de desigualdad, o inmobiliaria solamente. Se trata de una crisis de fin de ciclo, porque hemos llegado a los límites del endeudamiento.
A la hora de endeudarse, un individuo tiene el límite en sus ingresos. Ya sea salario, renta o patrimonio liquidable. Un Banco puede apalancarse hasta un límite en que la volatilidad de sus apuestas pueda hacer caer el castillo de naipes que ha montado (como le pasó a Lehman Brothers, que poco antes de quebrar tenía un apalancamiento de 22. Había contraído una deuda veintidós veces mayor que su capital)
Un país tiene el límite de endeudamiento en la confianza y su crecimiento económico. Si ambos fallan no puede endeudarse más. Su último recurso será la imprimir dinero creando inflación, si es que tiene soberanía monetaria, que no es el caso de Grecia, por ejemplo.
Estamos frente a la paradoja del endeudamiento. Una paradoja se da cuando existe una contradicción. Se nos pide austeridad y al mismo que consumamos para mantener la economía (para que no se dé la conocida paradoja del ahorro). Los bancos piden confianza cuando son ellos los primeros desconfiados a la hora de prestar. La crisis que se inició en el 2007 en Estados Unidos es de endeudamiento, y se pretende resolverla ¡con más endeudamiento!
No sólo existen contradicciones nacionales, también trascienden las fronteras como sucede con Grecia, al deber mucho dinero a los bancos franceses y alemanes, y los que tienen ahora un gran problema son precisamente esos bancos.
En 1947, la revista Time le atribuía a Keynes la idea de la paradoja del endeudamiento “Before his death, Lord Keynes had spoken his mind about those sterling debts: “If you owe your bank manager a thousand pounds, you are at his mercy. If you owe him a million pounds, he is at your mercy”.
Una derivación de esa frase dice “If you owe the bank thousands (una cantidad pequeña, en dólares americanos, por ejemplo), then the bank owns you. If you owe the bank millions, then you own the bank.”, y se le atribuye a Donald Trump, el magnate inmobiliario, cuando tenía problemas de liquidez.
Si eso es verdad en lo personal, también es verdad como país, de forma agregada. Un deudor como Grecia llega a un momento de austeridad en el que quedan pocas opciones y por tanto, poco se pierde por no pagar. Ese es el momento peligroso al que nos estamos acercando, al impago de las dudas nacionales.
Estamos viviendo varias contradicciones financieras. Por un lado el sentido común nos dice que debemos desear que Grecia no llegue a la quiebra, pero por otro lado vemos cómo los mercados apuestan su dinero (y mucho) a que lo haga (es una profecía que se cumple a sí misma).
Como lo escribe Alan Greenspan, en su libro (The Age of Turbulence, 2007):
“Es difícil juzgar cuán problemático puede llegar a ser el incremento del endeudamiento a largo plazo. Como la aversión al riesgo es innata e invariable (en el ser humano), el deseo de aumentar el apalancamiento a lo largo de las generaciones (principalmente de banqueros), refleja más la mejora del sector financiero en su flexibilidad, que consigue que se incremente el apalancamiento sin incrementar el riesgo. Al menos hasta un cierto nivel”.
La traducción y los paréntesis insertados son míos, y pongo paréntesis para que se entienda el contexto, por tanto, lo que he traducido es una interpretación subjetiva del texto del autor.
Mi interpretación es que Greenspan se deja llevar por la ideología del mercado en equilibrio a largo plazo. Además fija la aversión al riesgo, para destacar la supuesta “flexibilidad” del sector financiero. Dos supuestos en cuestión en esta crisis, dado que el largo plazo ya nos ha alcanzado.
La supuesta flexibilidad del sistema es la globalización de la banca, y ha servido para privatizar ganancias y hacer públicas las pérdidas.
Greenspan, el que fuera reverenciado gobernador de la reserva federal americana durante 17 años, ve en su libro como normal esta situación. Él la atribuye a la innovación de los mercados financieros y a su internacionalización. Los Bancos se han sentido cómodos con un altísimo apalancamiento de su capital.
“En los años posteriores a la guerra civil americana se percibía que con 2/5 de capital sobre lo prestado se estaba cómodo, por debajo de ese parámetro era una situación de riesgo. Hoy en día nuestros banqueros se sienten cómodos con un capital propio del 10% por cada 100 que se presta” (pág. 360 del referido libro).
De nuevo la ideología de que el “mercado libre se ajusta solo a largo plazo” le hace pensar que esta tendencia no es problemática. Y sí es grave, porque no se corrige solo con los mecanismos del mercado. El sector financiero no se ha autorregulado.
Greenspan atribuye el aumento del endeudamiento “a un incremento masivo de tecnología, infraestructura y de seres humanos con más inclinación al riesgo”.
Que se lo digan a los islandeses, que están sufriendo la situación que sus banqueros crearon. Los tres mayores bancos privados se endeudaron 11 veces el PIB de Islandia.
Eso no es progreso, es insensatez, y sobre todo falta de regulación de los poderes públicos. Islandia podía tener toda la tecnología y la infraestructura que quisiera, ejecutivos con “testosterona” suficiente, y muchos mercados exteriores donde apalancarse. Pero eso no quita que debe haber legislación que obligue a mantener unas reservas prudentes, y un límite al apalancamiento bancario, interior y exterior.
Los tres mayores bancos de Islandia pusieron el sistema entero en peligro y por ello el Estado tuvo que nacionalizarlos, literalmente nacionalizar las pérdidas de esos bancos. Mientras los ejecutivos y empresarios que crearon la situación volaban con los beneficios, ya que sabían que si hacían grande el “negociado”, serían rescatados (Too big to fail).
A partir de finales del 2007 estamos en un proceso que se puede bautizar como de “desapalancamiento”, que consiste en una acumulación de reservas de los bancos y tratar de curar las heridas de los impagos. Pero otra vez eso es una paradoja. Más reservas, y menos apalancamiento implican que menos crédito de los bancos llega a las empresas, y eso genera más impagos.
La deuda es un arma de doble filo, puede servir para crecer económicamente, pero a partir de un determinado tipo de interés, se convierte en una trampa.

