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Mapa del mundo para el IDH de los diferentes Estados, según el Informe 2007/2008
¿Influye el tamaño de un país en esta crisis? En principio parece que no tiene por qué. Pero si miramos más detenidamente hay varios países pequeños que tienen serios problemas económicos en esta crisis, como son: Islandia, los países del báltico (Lituania, Letonia y Estonia), Hungría, Ucrania e Islandia han pedido apoyo del FMI y dentro de la Unión Europea Irlanda tiene serios problemas.
La respuesta simple sería que hay una diferencia en contra para los países pequeños. El no tener un mercado amplio o una divisa fuerte como el euro. De hecho Islandia está pidiendo entrar en el euro para paliar los problemas de tipo de cambio que ha tenido y hacer su deuda menos costosa.
La respuesta compleja está en el buen gobierno, la crisis se ha cebado más, en los países que han gestionado mal su sistema financiero, independientemente del tamaño de su territorio. El ejemplo más chocante es el del Reino Unido, que en palabras del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn afirmó en una entrevista a la BBC que: “…incluso que no era inconcebible que Gran Bretaña pueda requerir ayuda algún día”
Como ya se ha mencionado, una de las desventajas claras de un país pequeño es un mercado interno limitado, lo que implica también ahorro nacional limitado, que se traduce en inversión nacional limitada. El tipo de cambio está sujeto a las reglas de un mercado global, que premia la profundidad del mercado de divisas y la frecuencia de la cotización, por lo que eso implica problemas en una crisis, para un país pequeño, que quiera mantener una determinada cotización, y si se tiene que defender a solas en medio de un clima adverso, como ha sido el caso de Islandia.
El empleo tampoco parece tener una buena correlación con el tamaño de un país, como por ejemplo muestran las estadísticas, España, que no es un país pequeño tiene la tasa más alta de desempleo de la Unión Europea, con un 17,4%. Los especialistas en el mercado de trabajo, explican esa circunstancia en el colapso que vive el sector de la construcción, además de que el turismo ha decaído por la crisis. El desempleo es también alto en los países bálticos, que no son parte de la eurozona.
En Letonia el desempleo está en el 16,1%, 15,5% en Lituania y un 11% en Estonia. Sin embargo, un país “pequeño”, pero muy abierto al mundo como Holanda tiene un 2,8% de desempleo. Rumania, Bulgaria y Grecia han visto también sus tasas de desempleo subir rápido con esta crisis.
En principio un país pequeño, tiene aparentemente la ventaja de ser más “gobernable”, casi como reminiscencia de una primitiva democracia griega, en la que el gobernante estaba cerca del gobernado. Un país pequeño, siempre ha despertado por eso cierta simpatía. El 6 de abril de 2008, el renombrado periodista británico John Carlin publicó en El País el artículo. “La buena vida”. Un reportaje especial sobre Islandia con el se podía pensar que Islandia, con pocos recursos más allá del abundante pescado y de la energía doméstica de origen geotérmico, era un auténtico Edén sobre la Tierra. En términos sociales Islandia apenas contaba con 1% de desempleo y una distribución del ingreso, que medida por el índice Gini, fue de 25, superada mundialmente solo por Dinamarca con 23.5 y empatada con Suecia.
Pero en eso llegó lo más duro de la crisis y levantó las alfombras donde se escondían las malas noticias. Algo se ocultaba, algo estaba podrido en…Islandia y era precisamente la deuda contraída por este pequeño país. El principal problema de la economía islandesa era el persistente déficit en cuenta corriente que alcanzo el 25.4% del PIB en el 2006 y 15.6% en el 2007, los cuales eran financiados por la cuenta de capital. Y un segundo problema constituido por un sistema financiero con tres grandes bancos privados cuyos activos eran equivalentes al 1.000% del PIB y una mega-deuda externa, rondando los 550% del PIB; dichos bancos crecieron, sin una adecuada base patrimonial, sin casi control, captando recursos con las mejores tecnologías en el exterior, con altas tasas de interés y también con el negocio del “carrytrade”.
El reportaje de Robert Jackson publicado en el diario económico Financial Times el 14 de noviembre del 2008, está en las antípodas del de John Carlin: es la crónica de un país arrasado por la penosa gestión de su gobierno y autoridades bancarias y por la codicia de sus bancos y la sensación de la pérdida de la riqueza desbordante e infinita que se les había hecho creer que tenían, a sus esforzados ciudadanos.
Durante los últimos diez años, la economía de Islandia había crecido en promedio un 4 por ciento anual. En el 2004 el salto fue de 7,7 por ciento. Parece una situación ideal, pero ese crecimiento del PIB era una ilusión. Según (Reuters) - El ex primer ministro de Islandia, Geir Haarde, dijo, que el costo total de la crisis bancaria en su país alcanzaría 1,1 billones de coronas islandesas (9.400 millones de dólares), o un 85 por ciento del producto interno bruto (PIB) del 2007.
Estas reflexiones nos pueden enseñan dos extremos, si nos inventamos dos países teóricos, uno al que se van agregando cualidades y a otro al que se le acumulan los errores de gobierno. Con este abanico de extremos podemos ver una explicación clara de que no es el tamaño de país lo que importa necesariamente, sino la gestión económica.
Así definimos, país "A" el extremo ideal y país "Z" el extremo del caos. Cuando nos referimos a ideal, es respecto a un país con condiciones ideales parea crecer. Estas convenciones están basadas en la obra de (Barro y Xavier Sala-i-Martin, “Economic Growth”, Editorial Mc Graw-Hill, 1995) sobre el crecimiento económico. Los autores nos presentan una situación, en donde las posibilidades de crecimiento no son ilimitadas, por el contrario están muy condicionadas. Así definen a los países de los extremos: A, País Ideal: renta inicial alta, nivel educativo alto, expectativa de vida prolongada, apertura comercial. Cierta calidad en los bienes y servicios públicos, población viviendo en zona templada, con recursos naturales, y tierra productiva. País con costa, o acceso a la costa vía ríos navegables. En lo que se refiere a la política económica un país con políticas macroeconómicas adecuadas, sin corrupción, estructuras de mercados competitivas, instituciones democráticas que garanticen las condiciones de estabilidad y de competencia, además de redistribución de la renta. Infraestructuras de transportes de capital, privado, publico y humano. Población que esté cerca de los centros mundiales de comercio como por ejemplo, Nueva York, Ámsterdam o Tokio.
País caótico ”Z”: renta inicial baja, nivel educativo bajo, medido, por ejemplo, por los años medios de secundaria cursados, expectativa de vida limitada, etc. Esta clasificación es amplia y, además, puede recoger los criterios recogidos en el índice IDH de las Naciones Unidas. En lo que se refiere a la política económica interna: estructuras de mercados poco competitivas, políticas macroeconómicas inadecuadas y administración burocratizada, corrupción, proteccionismo comercial, mala calidad en los bienes, y servicios públicos, pocos recursos naturales, y tierra poco productiva. País mediterráneo, con la población viviendo lejos de la costa o de ríos navegables, lejos de los centros comerciales mundiales. Grandes porcentajes de su población viviendo en los trópicos, y que sufre enfermedades tropicales endémicas.
Entre esos dos extremos teóricos se moverían los 198 países del mundo en el 2009 y para mi es esencial el papel del Estado en esos países, independientemente de su tamaño. La gestión política cuenta mucho. “El deber ser”, ha primado en la visión de los políticos. Lo que debe ser y hacer el Estado desde un punto de vista voluntarista. No “lo que es”, en fin, la realidad económica.
La experiencia acumulada le hace determinar a (Tanzi, “The Demise of the Nation State? “, IMF Working Paper WP/98/120, del departamento fiscal del FMI, Agosto de 1998), las siguientes características ideales para una buena gestión política:
• La rentabilidad debe ser el criterio fundamental en la mayoría de las decisiones sobre la inversión
• Las actividades consideradas socialmente beneficiosas deberán ser financiadas por el Estado
• El Estado debe dejar de hacer actividades secundarias, o si no es el caso, que limite sus actividades respecto a dichas actividades
• El Estado debe de ser capaz de establecer las reglas del juego, movilizar ingresos para financiar sus actividades e invertir estos ingresos de forma productiva
• Debe hacer cumplir los contratos, la propiedad privada y producir los llamados bienes públicos
Para ello el Estado y las administraciones públicas necesitan un conjunto de normas racionalizadas, que dejen escaso margen para la interpretación, o la discrecionalidad.
• Desde el punto de vista institucional se deben crear y desarrollar instituciones eficaces, y programas de gasto adecuado, a costes razonables, incluidas redes básicas de seguridad social para desempleados, enfermos y ancianos
• Los ingresos generados por los impuestos, no deben imponer una carga excesiva al sector privado, como el volumen de impuestos recaudados y su nivel, depende del grado de desarrollo de un país, la eficiencia en los sistemas tributarios, y administrativos
Como se ve son criterios muy razonables, que con esta crisis, por lo menos aumentan en dos, desde mi punto de vista. Primero no endeudarse excesivamente fuera del país como el caso de Islandia nos enseña y en segundo lugar, tener un sistema financiero conservador, anticíclico para evitar la debacle financiera que estamos presenciando en los países de modelo financiero anglosajón.
Este criterio puede ser cuantificado por los años medios de secundaria cursados, si existieran mejores estadísticas se podría incluir criterios de calidad, notas, abandono, fracaso escolar, comparaciones internacionales, etc.
Desde el punto de vista político existe un libro “Instituciones políticas” de Josep M. Colomer que analiza la dificultad de un país pequeño de salir adelante si es racialmente heterogéneo, económicamente pobre y altamente desigual.
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