miércoles, 11 de marzo de 2009

Relajación cuantitativa



 

Esa frase tan críptica fue usada estos días por los gobernadores de los bancos centrales en más de una ocasión. Y no es más que imprimir dinero, pero queda más elegante “quantitative easing”, o como Jean-Claude Trichet, “medidas no estándar”, en su última comparecencia de prensa.

 

¿Por qué se ha llegado a ese extremo? Porque estamos con los bancos congelados, los tipos de interés son una palanca sin apenas influencia. Reducir el coste de los créditos ayuda en poco a los prestatarios cuando las entidades crediticias disponen de tan poca financiación, o acumulan el dinero por miedo a los morosos. ¿Y si se siguen bajando los tipos de interés? No porque el “instrumento” tipos de interés ya casi no funciona. El jueves 5, el Banco de Inglaterra recortó los tipos de interés en 50 puntos básicos hasta el 0,5%: ha recortado un total de 450 puntos básicos en los últimos seis meses. La teoría económica vigente nos dice que los inversores deben reaccionar, y los bancos prestar, pero eso no sucede… Cuando los mercados de crédito dejan de responder al precio, que es el tipo de interés, se deben utilizar “medidas no estándar”.

 

Al escuchar la gente que se imprimirá el dinero, se asocia con inflación o incluso hiperinflación. Pero primero ¿Qué es la hiperinflación? De acuerdo a la caracterización que hace Phillip Cagan, en “The Monetary Dynamics of Hyperinflation” (1956), la hiperinflación sería la denominación correcta cuando el indicador mensual de inflación pasa de 50% en un proceso de subidas de precios acelerado. Esa situación se está dando ahora en Zimbabwe y han sido famoso el episodio de hiperinflación de Bolivia de 1984, o anteriormente a las divisas devaluadas de la Alemania de Weimar.

 

¿Eso significa que al imprimir el dinero, esté caerá del cielo? No, dado que la inflación es en la actualidad demasiado baja, y el nuevo dinero se puede destruir con extrema rapidez. No caerá dinero del cielo porque la relajación cuantitativa no generará necesariamente hiperinflación. Por ejemplo, en el caso inglés si se crean reservas con las que comprar, en primera instancia, 75.000 millones de libras (84.294 millones de euros) de papel del Estado y bonos corporativos, pueden anularse rápidamente. O en el caso del BCE las medidas cuantitativas pueden ser comprar de activos como deuda estatal para impulsar la oferta monetaria (a pesar de las posibles dificultades para realizarlo en un bloque de 16 países de la eurozona) y ponerlas de nuevo en el mercado si es necesario. Sin embargo, no existe consenso claro, el BCE ha mantenido unos tipos de interés siempre más altos que el resto de los grandes Bancos Centrales, y se resiste a bajarlos al ritmo americano o británico. La razón de esa falta de entusiasmo es que cuando los tipos estén cercanos a cero se aumenta la probabilidad de caer en una trampa de la liquidez (como la definió Keynes), es decir, en una situación en la que por mucho que se bajen los tipos no se recupera el crédito y, por tanto, el consumo y la inversión. Además ahora aparecen las primeras voces discordantes como la de Athanasios Orphanides, un ex economista de la Reserva Federal que se ganó la reputación de decir a sus jefes que estaban equivocados. El BCE supervisa 16 jurisdicciones. ¿Qué bonos gubernamentales compraría? ¿Y de qué bancos? En cualquier caso, son dificultades políticas que el BCE puede -y debe- superar. Cuanto más tarde, mayores y menos convencionales serán las medidas que habrá de tomar. No puede esperar que esta recesión desaparezca por sí sola. El BCE debe afrontar la crisis.

 

Keynes aconsejaba utilizar intensamente el gasto público en estas situaciones, para evitar una espiral de caída de precios, bajadas de salarios y márgenes, descenso del consumo, bajadas de precios de los activos, aumento de los impagos, etc. Friedman opinaba que en caso necesario se podía dar una vuelta de tuerca adicional a la política monetaria, inundando de dinero la economía y, para ilustrar esta idea, utilizaba la metáfora del helicóptero lanzando los billetes a los ciudadanos. Este concepto ha tenido un amplio desarrollo teórico en los últimos años, a raíz de la situación de estancamiento con deflación de la economía japonesa y, uno de los mayores estudiosos del tema ha sido precisamente el actual presidente de la FED: Ben Bernanke. Por tanto, estamos en “teóricas” buenas manos para aplicar este tipo de políticas monetarias.

 

¿Hasta dónde se puede expandir el balance de un banco central? Ilimitadamente. Sobre todo, teniendo en cuenta que la velocidad de circulación del dinero está disminuyendo. Cuando salgamos de esta, tendremos que agradecérselo, como escribía Niall Ferguson en Financial Times, a la paradoja de que se están utilizando las ideas en parte contrapuestas de Friedman y Keynes a la vez. Es decir, se está duplicando la apuesta. Esperemos que sea para bien.

 

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